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Miércoles, 03 de agosto de 2005

PEÑALOZA YA TE OLVIDAMOS

Te lo decimos los del bordillo, los del otro lao de la cabuya. Sabíamos que tu recuerdo seria efímero como todo en esta sociedad de oropel, así los amanuenses oficiales y los otros hayan visto otra cosa. No vimos a los manes de SAYCO, esos que explotan los goces y sones;

Te lo decimos los del bordillo, los del otro lao de la cabuya. Sabíamos que tu recuerdo seria efímero como todo en esta sociedad de oropel, así los amanuenses oficiales y los otros hayan visto otra cosa. No vimos a los manes de SAYCO, esos que explotan los goces y sones; Tampoco al departamento, esa lira inmensa que ha homenajeado a otros, de lejanas y más frías tierras, con tu música tocada por bandas de colorinches sin tu sabor y sazón. Y aunque no hicieron falta tampoco vimos a los de CARNAVAL SA. Ellos también hicieron mutis en ese foro hirviente y solitario de notas en que se convirtió la llamada Plaza de la Paz, donde esperamos que el redactor de todos los bandos te diera de manera muy particular tu último adiós.

Te olvidamos Antonio Maria desde que dijeron que necesitabas más de cuatro caballos cuando para divertirnos solo mataste media vaca.

Te olvidamos aunque en el próximo carnaval todos saquemos pecho y digamos que estuvimos en tu sepelio; que vimos los caballos blancos; que miles de danzas te acompañaron cuando bien contados habían seis parejas de garabatos, danza que no asistió como homenaje a ti sino que busca cualquier pretexto para disfrazarse, y algunos del colectivo, Disfrázate como quieras, disfrazados de serios, pero con unas ganas de robarte de allí, llevarte a tocar en algún solar (pero no de aburridos) y emborracharte a ver si era verdad que te habías muerto o era un pretexto para saber a ciencia cierta quienes asistirían a tu sepelio.

Tampoco vimos los disfraces, esos que pelean todo el año un cupo en nuestro imaginario ni tampoco los documentalistas, esos que invirtieron para perpetuar a otros muertos dueños de otros sones y no los nuestros. Que vamos a hacer, te olvidamos. No oímos los homenajes radiales ni que a la hora cuando bajabas a la fría entraña de la tierra sonara en todas las emisoras sonara tu obra cumbre. Nada.

De ahora en adelante, los nostálgicos, incluyendo los que viven en otros lares lamentaran tu muerte y lloraran tu memoria a sabiendas que cuando debían no estuvieron.

Por: Gilberto Gómez | Opinión | Comentarios (0) | Referencias (0)

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