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Jueves, 20 de octubre de 2005

¡A la veintiuna no voy!

¿Cuántos entramos por vez primera con la excusa de una micción urgida a sus entrañas y quedamos embebidos de su goce? Casi todos. En los diez metros que separaban la entrada del urinario desplazábamos la vista por sus paredes –escanear dicen ahora- y reteníamos la mayor cantidad de información visual que podíamos.

- para mas decirte la fotografía de Celia Cruz esta antes de la de Tito Puente y después viene la de la Fania. Es mas, el día que puedas entrar te fijas que solo las fotos del lado izquierdo están autografiadas -.
Intentaba convencerlos mientras sacaba la cartera del bolsillo trasero y rebuscaba su más preciado tesoro, la prueba reina.

-¡Aquí esta!-
Sonriendo esgrimía entre sus dedos un papel arrugado donde aparecia el nombre del lugar, consumo y quien lo atendió.

Era así. Los mas nubiles alardeábamos ante los que nos seguían en ese árbol genealógico –árbol alcohológico decíamos- en que se había convertido nuestra esquina.


¿Cuántos entramos por vez primera con la excusa de una micción urgida a sus entrañas y quedamos embebidos de su goce? Casi todos. En los diez metros que separaban la entrada del urinario desplazábamos la vista por sus paredes –escanear dicen ahora- y reteníamos la mayor cantidad de información visual que podíamos.
- para mas decirte la fotografía de Celia Cruz esta antes de la de Tito Puente y después viene la de la Fania. Es mas, el día que puedas entrar te fijas que solo las fotos del lado izquierdo están autografiadas -.
Intentaba convencerlos mientras sacaba la cartera del bolsillo trasero y rebuscaba su más preciado tesoro, la prueba reina.

-¡Aquí esta!-
Sonriendo esgrimía entre sus dedos un papel arrugado donde aparecia el nombre del lugar, consumo y quien lo atendió.

Era así. Los mas nubiles alardeábamos ante los que nos seguían en ese árbol genealógico –árbol alcohológico decíamos- en que se había convertido nuestra esquina.

Los mas grandes, duchos en el vagar putañero, solo rememoraban sitios, y los oíamos como si fueran metas demarcadas de nuestra carrera a una bacaneria bien llevada. El Xiomara, El Boricua, Las Vegas, Playboy, el Acuario, Las cuatro Monedas, Bulerias y de amanecida La Charanga. A veces nostálgicos rememoraban otras tierras conquistadas La Gardenia Azul, El Palo de Oro, La Fuente. Una tarde de tantas ante nuestra incredulidad nos llevaron a conocer uno de esos sitios, entramos y entusiasmados demarcaron jardines, mesas y demás. No les creí.

Para nosotros solo había una tierra prometida, un solo hogar de goce. Allí donde los hombres duros no bailan. Un solo paraíso, el paraíso de la música antillana, El Taboga.

Allí me inicie, allí diferencié montunos de guaguancos, sones de guajiras. Allí me emborrache de hombría y sacaba pecho cuando al entrar todos me saludaban. El tico Salsa, el Cesar Hernández –el mas grande que hizo escuela y especialización con su hermano en unos de los picos mas recordados, El Coreano, de su padre Conce Hernández-, Eduardo, el heredero, y Vilma y el man del maní, el gordo de las camisetas y camisas pintadas de atardeceres, el del salchichón con dos dedos de salsa y limón, el manero de mil años con los mismos pañuelos y medias de siempre y Lucho Bolsa y sus recuerdos de otros sitios en otros mundos – afirmaba convencido que administro un sitio llamado Carnaval donde las meseras se disfrazaban de ladisgodivas y nadie le creía- y los coleccionistas con su carga redonda de historias y saberes de goces y el man del chuzo en la puerta y yo ahí, viendo el platico de cristal con el coco tajado pequeño a un lado y del otro el limón y la naranja en cascos pensando que ya la media se estaba terminando.

Todos son recuerdos de ayer. Hoy pintado de penumbras y barnizado en polvos y telarañas lucha contra el olvido. Por allí paso en las tardes de sol cuando equivoco los pasos vestidos de blanco y me estrello con la puerta de vidrio clausurada. Pego mi cara contra el vidrio intentando ver al menos los fantasmas de ese pasado ido. Nada. Al retirarme me parece escuchar un coro que dice, haciendo clave con las pinzas en las patas de las mesas,

Mañana es un día de fiestas / nooo me lo discuta usted
que yo tengo el almanaque en español y en ingles…
Me regreso rápido y no alcanzo a ver a Humberto Andrade cuando toma la cerveza y danzando se baña con ella. Que vaina, cuanta nostalgia, pero, ¡a la veintiuna no voy!


Por: Gilberto Gómez | Personal | Comentarios (0) | Referencias (0)

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