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Miércoles, 04 de enero de 2006

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CUANDO LLEGABA EL VERANO compraba hojas transparentes, dos plumines, y calcaba mapas toda la tarde. Me gustaba el sur de Chile, Israel, los países nórdicos y las islas del Japón. Pero había un país imposible, alucinante, que era mi preferido: el Mediterráneo. Me gustaba calcarlo al revés: en vez de pintarlo de azul por dentro, lo pintaba de azul por fuera, como si en realidad se tratara una isla, y España y Francia y África fuesen mares que lo bañaran. El Mediterráneo era un país habitado por los mediterreños, con leyes propias y sus provincias. España era su mar del norte, y África su océano del sur. Su flor nacional era el marisco y el himno se parecía a la sirena de los barcos. Después empezaban las clases y otra vez me aplazaban en geografía. Pero eso no es lo malo. Lo malo es que los demás chicos me manoseaban.


Vía: Orsai

Por: Gilberto Gómez | Literatura breve | Comentarios (0) | Referencias (0)

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