Miércoles, 10 de mayo de 2006
Bajo la escalera hay un estante de madera en cuyo centro, coronando el cuadro, hay un frasco de café instantaneo con un feto nadando en formol. Tiene los ojos eternamente entrecerrados y su piel es transparente y delimita difusamente con el medio que lo alberga. No hay diferencia entre el formol y su cuerpo, tantos años de convivencia los han convertido en la misma cosa.
El inmerso tiene las manos cerradas con fuerza, empuñadas, listas para un combate postergado diariamente. Llegado el momento, aun espera, anunciarán su nombre -que no conoce- por el altoparlante, se abrirán las exclusas, escapará por el balcón siguiendo a los pájaros. "Todo será mejor", piensa. "Todo será mejor", reza.
Mañana ocurrirá un temblor de tierra, sus rezos serán por fin escuchados: "Ah, la libertad", exclamará mientras su cuerpecito inerte se derrite reventado sobre la vieja alfombra.
Qué corta es la vida a veces.
Por: Gilberto Gómez | Literatura breve | Comentarios (0) | Referencias (0)
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