Domingo, 14 de enero de 2007
Julio Olaciregui es un autor costeño que desde Los Cuentos de Charito su primera novela ha mostrado un estilo muy particular para narrar historias. Hoy con DIONEA nos brinda nuevamente la oportunidad de adentrarnos en su universo muy particular. Publicamos por considerarla de interés y por no haber leído aun la novela la reseña publicada por el periódico EL TIEMPO.
Después de dos novelas y un poemario más preocupados por el tema de la cotidianidad, Olaciregui llega a esta obra por medio de un trabajo de quince años.
Aquí su preocupación, el mito en una nueva versión, visto a partir de la experiencia del autor que ha vivido entre la París de sus maestros, y la Colombia de sus orígenes y sus viajes. "He venido a auscultar el tiempo de ahora, el espacio de los mitos". Es un inventario de los lugares que ha perseguido tras el mito. En ella cabe Grecia, Europa, el Caribe y Barranquilla. El tema es un símbolo de muchos hechos. Pero cada página parece realidad, y este aspecto define su estilo. A fin de hacer más real y presente el texto, habla de la época actual de América Latina y en particular de Colombia. Se basa más en el decir que en el contar pero con el eco de las voces y canciones del trópico. Es una narración a modo de canto, hecho en un cuaderno con su memoria. La expresión popular es uno de sus objetivos para descubrir la historia como diciendo que allí se encuentra la verdad. Este aventurero va por dichas tierras con la musa de su inspiración, soñando con la la vida.
Hay que hablar de esta obra como la novela infinita, una historia total que sigue derroteros inagotables, un libro abierto en el que también cabe el lector, igual que en los libros de Cortázar. El narrador anota los hechos a medida que los va viviendo, y la obra surge como expresión del exiliado en su ir y venir tras sus propias huellas. Quiere decir que ello no ocurre impunemente, y la vida entonces se convierte en fragmentos de muchos lados. Alude a un mundo de música y sabores del Caribe que lleva lejos este peregrino al que sus sueños conducen a un al mito griego. Olaciregui realiza esta novela, a partir de un lenguaje actual, sobre la tradición literaria en un momento en el cual los demás escritores le apuntan al rompimiento con los cánones anteriores. Esta también tiene raíces en Joyce, Cabrera, Lezama, García Márquez.
El autor cumple con el reto de hablar de sí mismo para trascender lo personal, y entre el humor y la nostalgia, rinde culto a la experiencia, lo mismo que al conocimiento a través de un lenguaje directo como de crónica periodística. No es fácil lograrlo en un tópico como este. El autor siempre ha sido periodista y en la actualidad trabaja en París como director alterno de France Presse para América Latina.
El día que el personaje llega a París, le responde a un policía, como el arriero de Juan Rulfo, que va en busca de su padre. Así halla a Dionea, la madre de Afrodita, la diosa del amor, una mujer que el narrador encuentra en todas partes, por ejemplo, vende bollos de maíz en Montparnasse. En el fondo de este alucinado, está un narrador que se mira en los ojos de sus hijos como preguntándose por el pasado y el porvenir. Cuenta que todo niño que viaja entre Barranquilla y Santa Marta puede ser un gran escritor.
Por: Gilberto Gómez | Literatura breve | Comentarios (0) | Referencias (0)
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